Los niños de Esquel [Argentina], entre el veneno y el futuro (El pediatra Alfredo Pérez Maldonado habla de los efectos de la megaminería en los niños)
jeudi 24 mai 2012.
Los niños de Esquel [Argentina], entre el veneno y el
futuro (El pediatra Alfredo Pérez Maldonado habla de los efectos de la
megaminería en los niños)
Claudia Rafael, Pelota de Trapo, 23.05.12.
A la hora de pensar el futuro, el sistema se echa al
hombro a los niños como una bolsa de peligros. Como semillas de
alboradas, los ellos son luces de alerta en el esquema prefijado. Y como
a toda amenaza se les acota el futuro con hambres, venenos, gatillo
ligero y cárceles a cielo abierto. Los niños de Esquel, aquella ciudad
del sur que plantó bandera contra la minería a cianuro casi una década
atrás, tienen otra vez sobre sus cabezas la espada del veneno. Los
pediatras, los que les miden el peso y les escuchan las toses con la
oreja en la espalda, son los que advierten ahora sobre el futuro sombrío
de los que crezcan bebiendo las aguas de cianuro y arsénico. En Esquel,
que resistió y resiste con la esperanza de que los retoños crezcan con
la fibra firme de la dignidad y la rebeldía.
La tradición judeo-cristiana habla de un mundo
extremadamente pequeño en su origen, paradisíaco, feliz. De un mundo en
el que tras la expulsión de Adán y Eva la utopía fue el eterno lugar al
que se quiere volver pero al que el hombre ha hecho y sigue haciendo lo
imposible por destruir, por dominar, por apropiarse. Por vivir en un
esquema de victimario-sujeto y víctima-objeto en donde el amor, la
felicidad, la armonía quedaron absolutamente expatriados. Muy lejos de
esa estructuración de pensamiento religioso, sin adanes ni evas danzando
mágicamente en una escenografía de edén, se sigue profundizando una
pulseada feroz entre la cultura de la muerte y la cultura de la vida en
la que los desconocidos de siempre son los que sobreviven, transpiran y
padecen entre las migajas del sistema capitalista.
No hay modo más feraz de entender en clave de presente y
de futuro esa puja que a través del modelo extractivo de la
megaminería. Vaciar a la tierra de historia, de savia; ahondar en sus
recovecos más íntimos; llenarla de su esperma tóxico hasta hacerla
estallar; derramar sus aguas y contagiarla de muerte. Silenciosamente.
Reptando entre sus ríos y sus venas. Hasta vencer. Eso sí: en el tiempo,
cuando no muchos recuerden ya el nombre del veneno asesino.
Esquel es una fotografía anclada en el profundo sur. Un
diminuto David que se eyectó a los grandes medios cuando el 81 por
ciento de su población le dijo no al Goliat de la Meridian Gold. Aquel
23 de marzo de 2003 pasó a la historia no sólo porque un pequeño pueblo
de no más de 30.000 habitantes logró alzar su voz diciendo no a la
explotación minera sino que además fue la bandera de muchos otros
pueblos que querían espejarse en el mismo cristal. Sanagasta, Huaco,
Santa Vera Cruz, Castro Barros, San Blas de los Sauces, Olta, Patquía,
Chamical, Guandacol, Jachal, Chilecito, Famatina, Andalgalá, Amaicha o
Belén.
La Meridian Gold ofrecía entonces a las gentes de
Esquel, 400 puestos de trabajo y una inyección de 120 millones de
dólares en una economía vapuleada por aquel diciembre de 2001 que plagó
de sangre las calles. En esos días sumaban 12.000 los desempleados. El
40 por ciento de toda la ciudad.
“Les decimos a los megamineros, a sus socios, a sus
protectores políticos y a sus gerentes de todo tipo: no descansaremos,
señores, no bajaremos los brazos, aquí nos tendrán, inagotables, hasta
que su sordera oiga, hasta que se dignen a respetar al pueblo. Porque en
este pueblo, señores, por si no lo recuerdan, la dignidad ya fue
plebiscitada, y ganó por mayoría”, escribieron en letras de molde para
la historia. Esquel “municipio no tóxico” y de “ambiente sustentable”.
Ahora son los pediatras del Area Sanitaria Noroeste del
Chubut, miembros de la Sociedad Argentina de Pediatría sede Esquel y el
Servicio de Pediatría y Neonatología del Hospital Zonal quienes salieron
a redoblar la apuesta y a explicar por qué hay que decir que no a la
megaminería.
Alfredo Pérez Maldonado es el jefe de Pediatría del
Hospital Zonal esquelense y uno de quienes trabajaron en el informe.
“Nos quieren vender espejitos de colores”, dijo a APe. “Una de las
enfermedades que presumimos pueden desarrollarse, de aquí a 10 ó 15
años, es el arsenicismo, el ACRE (Arsenicismo Crónico Endémico). Desde
lesiones de distinto tipo en la piel hasta cáncer. Si el agua se
contamina con arsénico vamos a tener mayor incidencia de cáncer de piel;
si se contamina con cianuro, vamos a padecer los efectos del cianuro,
que tiene un grado letal de enorme relevancia. Vamos a tener déficit de
agua. Se va a generar la migración de las poblaciones, va a cambiar el
estilo de vida de la región, a afectar la salud psicológica de los
chicos y sus familias y se va a generar conflicto social, que tal vez es
algo que hoy no se mida. La megaminería trata de reinstalar el tema
constantemente, comprando gente aquí y allá. Y sobre todo, ocurre en una
región que no la quiere tener, que decidió que no quiere un proyecto
que le va a generar daño. No todo es dinero. Y no toda promesa de
bienestar económico se refleja después en la vida cotidiana de la gente.
El balance económico no es más importante que el balance humano. No
todo vale la pena. Acá la sociedad dijo basta. Es un principio básico de
la autodeterminación de los pueblos sobre cómo queremos vivir”.
Los pediatras y neonatólogos alertan que la extracción
requiere muchos más que los 18 litros de agua al segundo enunciados por
la empresa. “Para un proyecto del tamaño del de Esquel, como por ejemplo
la Mina Gualcamayo, en San Juan, el caudal de agua en realidad
utilizado es de 108 litros por segundo, lo que coincide con las
cantidades utilizadas por otras empresas similares. Esto sería la mitad
de lo que toda la población de Esquel consume en un día”. Es decir:
9.331.200 litros al día. La Organización Mundial de la Salud considera
que “la cantidad básica de agua que un ser humano requiere para su vida,
que es de 80 litros por día, implica que con los requerimientos diarios
aun exageradamente modestos que se pretenden declarar para este
proyecto, podrían abastecerse básicamente casi 20.000 personas al día, y
no menos. También debe tenerse en cuenta que gran parte de esa agua no
podrá ser utilizada posteriormente jamás por seres vivos por quedar
definitivamente contaminada”.
El agua potable no tiene sustituto, escribe Elsa
Bruzzone. Si una fuente de agua se agota, se pierde; si se contamina y
no la podemos descontaminar también se pierde, agrega.
Cuando el sistema se dispone a diseñar el futuro y a
olfatear como perro salvaje el sitial de las riquezas a engullir, suele
ser el momento exacto del final. Los hombres y mujeres de los abrojales,
sin embargo, lanzaron al viento su grito. Dijeron que no entregarán el
mañana de sus niños en parte de pago. Que seguirán blandiendo sus
dignidades en ese alarido tsonek porque así nació su tierra. Entre los
coirones, los neneos, los abrojos que le dieron nombre a su pueblo.
Mientras riegan amorosamente la fibra de la rebeldía que se eyecta
pétrea y tiernamente contra los portadores de la muerte
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